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Observación visual de cometas

A lo largo de la historia, la observación de cometas se ha realizado de manera visual, y  es muy recientemente (en el último siglo), cuando se ha unido a estos mismos menesteres la fotografía, ya fuese ésta analógica o la digital de nuestros días, que tan espectaculares resultados está dando tanto a nivel profesional como amateur.

Pero nos vamos a centrar en el apartado visual, que es unos de los campos en el que los astrónomos no profesionales podemos ayudar en el conocimiento de estos objetos y es en concreto con la estimación de las magnitudes de los cometas.

La metodología consiste grosso modo en hacer un gran número de observaciones por parte de muchos observadores y realizando una media de las mismas, para obtener un resultado lo más fiable posible.

Para determinar la magnitud de un cometa, se pueden utilizar alguno de estos métodos (entre otros): Sidwick, Beyer, o el de Bobronikolff, si quieres profundizar en ellos, en la red hay bastante información sobre ellos, pero digamos que básicamente consiste en memorizar el brillo del cometa y que el observador moviendo los binoculares o el telescopio lo compare con las magnitudes conocidas de estrellas más brillantes y más débiles que el cometa alternativamente.

En la observación visual de cometas se puede usar desde unos pequeños binoculares a potentes telescopios. Si el cometa tiene suficiente brillo, un binocular pequeño será más que suficiente, ya que no necesitaremos muchos aumentos y sí un campo amplio para poder observar la cola completa, algo complicado de conseguir con las aberturas y focales más grandes de los telescopios, así pues, dependiendo de lo brillante o débil que resulte el cometa utilizaremos un instrumento u otro y siempre será el que nos permita verlo entero.

Normalmente, para la observación astronómica es necesaria que nuestra vista esté adaptada a la oscuridad, sin embargo, en muchas ocasiones, los cometas sólo serán visibles al amanecer o al anochecer.

Otro detalle a tener en cuenta es la altitud a la que se encuentre, pues si está muy bajo en el horizonte, su magnitud nos parecerá más débil que lo indicado en las efemérides.

Los colores en la oscuridad y la vision nocturna

La adaptación a la oscuridad, es también conocida como el "efecto Purkinje" (por el insigne anatomista checo, Jan Evangelista Purkinje), este efecto consiste en el cambio de sensibilidad al color.
Jan Evangelista Purkinje
Por debajo de cierto nivel de intensidad lumínica, los conos (células que recogen la información del color), dejan de funcionar y nuestra visión pasa a depender de otros fotoreceptores denominados bastones.

Los bastones son células incapaces de dar información sobre el color, por eso cuando estamos en el campo de noche, lo que vemos es una imagen monocroma, con distintos niveles de iluminación (escalas de grises).
crédito: Kalipedia
Los conos tienen una mayor sensibilidad al color amarillo verdoso, que corresponde a una longitud de onda de 555 nm, que es producto de la absorción de las opsinas, es la denominada visión fotópica.

Por el contrario, los bastones tienen una mayor percepción (gracias a la producción de la rodopsina), en la longitud de onda de los 500 nm (tonos azules), no tenemos visión en color es la denominada visión escotópica.
crédito: Horst Frank

El efecto Purkinje se produce durante el crepúsculo, al pasar de la visión fotópica (la iluminada por el sol), a la escotópica (al anochecer).
Efecto Purkinje

Cuando salimos con nuestros equipos a observar, todo sabemos la importancia que tiene la adaptación a la oscuridad, aunque en ocasiones nos interesa tener activo tanto los conos, como los bastones, por ejemplo a la hora de consultar una carta estelar o realizar un dibujo, para ello utilizamos las luces rojas, ya que la pupila permanece dilatada y la adaptación a la oscuridad es más rápida, para poder continuar con nuestra observación.


Visión nocturna 

Para una correcta observación nocturna, es necesario que nuestros ojos se encuentren convenientemente adaptados a la oscuridad. El diámetro de una pupila normal en adultos, varía entre los 2.5 y los 5.5 mm, siendo su tamaño medio de 4 mm.

Otras fuentes, indican que el tamaño de la  pupila de salida es de 7 mm, pero esta cifra es el máximo teórico en personas jóvenes.

Se denomina ciclo pupilar, al tiempo que se requiere para que se produzca una oscilación completa (contracción - dilatación) de la pupila.

Se piensa por error, que la dilatación pupilar es un proceso lento, cuando en realidad sólo tarda unos tres segundos. La adaptación a la oscuridad, se produce por la producción de rodopsina, para obtener unos niveles elevados, tendríamos que mantener cerrados los ojos durante dos o tres horas, y nos volveríamos muy sensibles a la luz, aunque para alcanzar una adaptación completa, tendríamos que permanecer en la más absoluta oscuridad durante dos o tres días, lo que lamentablemente no resulta posible o práctico, para el común de los mortales. Por lo tanto, la adaptación a la oscuridad no tiene nada que ver con la dilatación pupilar.